Mae West no fue un ángel, fue un leon

 

Si no conoces a Mae West haré un breve resumen. Esta mujer nació en 1893 en la ciudad de Nueva York. A los 14 ya era conocida en los escenarios como «Baby Vamp» maquillada y vestida como una pequeña vampiresa. En 1926 estrena en Broadway Sex, escrita, producida y dirigida por ella misma, que le lleva a pasar unos días en prisión por su contenido supuestamente obsceno.

Al año siguiente intentó que su nueva obra Drag viera la luz, pero no fue posible por considerarse tabú el tema que trataba, la homosexualidad. Comenzó a escribir y protagonizar películas, hasta que en los años 40 cansada de sufrir las limitaciones que el Código Hayl* marcaba, se retiró entre bambalinas hasta el 67, cuando éste desaparece.

*El Cógido Hayl es el sucedor del pre-code, se estableció en los años 30 en EEUU y supuso un sistema de censura basado en una serie de reglas restrictivas que determinaba qué se podía ver en pantalla y qué no.

 

Pero lo que vengo a comentar es esta película.

Recién termino de hacerme una cuenta en Filmin, y escribo Mae West en el buscador. He leído sobre ella, todos hemos escuchado sus frases e incluso alguno habrá ido a la discoteca bautizada con su nombre en la ciudad de Granada, pero nunca había visto una película suya. Veo el cartel de No soy un ángel, los comentarios la describen como divertida, entretenida y uno destaca que le sorprende que una mujer «gordita» y falta de atractivo fuera un icono sexual y lo atribuye a los cánones de la época. Esto remata mi curiosidad y resulta ser la elegida.

Comienza y lo primero con lo que me quedo loca, porque loca es la palabra y no puedo emplear ninguna otra, es con su forma de caminar y gesticular. – Perdona, who’s that bitch?- Me pregunto. Aparece en pantalla una mujer gloriosa, que se contonea con desparpajo y el flow de una diosa salida del Bronx, que ya quisiera Doja Cat tener la mitad de rollo que esta señora.

 

 

La película nos cuenta la historia de Tira. Es la estrella del circo, todos los hombres mueren por ella, y ni corta ni perezosa no duda en disfrutar de las oportunidades que la vida le ofrece. Hace y deshace a su antojo con el caballero que considere, donde y cuando quiere. La película se estrena en 1933. Ahora ando yo contando que en una semana he quedado con seis hombres diferentes, que todos me han hecho regalos, abrigos, joyas y que los luzco porque me da la gana y comentarios no dejan de faltar. Pues esto es lo que hace ella, sólo que con 87 años de diferencia.

 

 

 

A lo largo de la película observamos un considerable número de hombres pasar por sus manos, en qué grado y hasta dónde llega con cada uno, sólo ella lo sabe. Pero pasar por su vida, pasan. Cada vez con más posesiones valiosas, no duda en meter la cabeza en la boca del león. Incluso, tiene el descaro de decorar su habitación con una mesita acristalada de doble altura repleta de animales de porcelana, que van desde una mofeta hasta un caballo, acompañados cada uno con la foto en miniatura del respectivo amante al que representa. Y se queda tan tranquila, lejos de temer ser juzgada, se regodea en ello.

 

 

 

 

A partir de aquí entra en juego un poquito de SPOILER, en tu mano queda decidir si continúas con el artículo o te vas corriendo a ver la película, las dos opciones me parecen buenas. En algún momento del camino, aparece Gary Grant interpretando a Jack, un ricachón del que Mae se enamora, y el primer hombre por el que no siente indiferencia.

Se prometen, y por culpa de la trampa que le propicia uno de sus examantes, Jack desparece. Ella le demanda por abandonar su compromiso y llegamos a la que me parece la más interesante de las partes de la película. El juicio en el que me resulta increíble quién, o mejor dicho, quiénes terminan siendo los juzgados.

 

 

El abogado del acusado ataca donde más obvio resulta, la credibilidad de Tira.

¿Una mujer que durante años ha sido vista con un hombre por noche?

¿Una mujer que goza de los caprichos que se le antoja?

¿Una mujer que acepta regalos caros de hombre casi desconocidos?

¿Una mujer que se contonea sin vergüenza?

¿Una mujer que está muy lejos de ser decorosa y seguir las estrictas normas sociales?

¿Alguien se la podría haber tomado en serio? ¿La tomaría en serio alguien AHORA?

 

PAUSA. RECORDATORIO. 1933. CONTINUAMOS.

Pues no coge Mae, se levanta reteniendo la risa entre dientes y se acerca al estrado para representarse a si misma.

Y con la venia, señoría, interroga uno a uno a sus examantes a los que deja en evidencia, porque aquí quienes más tenían que callar eran ellos. Al fin y al cabo, Tira era una mujer soltera y «libre», ¿ellos? todos casados y prometidos. El jurado accede a sus reproches y aún más, se ríe con ella y terminan siendo cómplices de sus burlas. ¡Con dos ovarios Mae! Disculpad el entusiasmo pero es que es todo un espectáculo.

Y así como en otras historias, cuando la protagonista que ha sido «apaleada» por desgracias consigue la victoria final, quieres gritar un «Uf, ¡por fin!». Aquí sólo puedes volver a reírte y decir «Pero qué **** ama» porque en ningún momento de la película adviertes derrota en ella, no hay cabeza gacha ni vergüenza alguna. Y es que cómo iba a transmitir delicadeza en la ficción, una persona que en la vida real apareció en limusina llena de rosas blancas para ingresar en prisión. Después de salir más que airosa del juicio,  Gary Grant vuelve corriendo a sus brazos y todo tiene un bonito y feliz final.

 

 

El sabor de boca que me dejó el film es una mezcla de asombro, admiración, orgullo y motivación. Entiendo que a alguien le llamara la atención el físico de la actriz (reduciéndola a eso), y se preguntara cómo pudo convertirse en un mito erótico, contestándose a si mismo que sería por los cánones de belleza. Pero no es el caso, los cánones de belleza han cambiado muchísimo, pero tampoco ella encajaba en su época como no lo haría ahora. Los ángeles de Victoria Secret de aquel entonces eran mujeres como Jean Harlow, Carole Lombard o Claudette Colbert. Osea que ni fue un ángel ni lo sería ahora, pero nunca le hizo falta. Porque a Mae no le hace falta justificar ni reivindicar su derecho a ser icono, simplemente lo era y lo es. Porque es fuerte, valiente y tiene un amor propio como nuestras cabezas de grandes. Y si tienes eso, ya puede venir el Código Hayl o un cinéfilo a describirte como carente de atractivo, que lo único que vas a recibir es admiración, al menos por mi parte.

Jean Harlow, Carole Lombard y Claudette Colbert.

 

Dicho todo esto, y vomitada mi emoción, puedo continuar con mi vida y seguir viendo películas de esta artista, ojalá que os animéis a ello también.