«La profesión me ha escogido a mí y no al revés» Iñigo Navarro

 

-Nombre y breve descripción de tu trabajo-profesión

Soy Íñigo Navarro.

Pinto. Mi trabajo es vivir y luego contarlo de una forma interesante.

-Por qué y cómo empezaste.

Siempre he huido hacia delante. La profesión me ha escogido a mí y no al revés.

En casa de mis padres hablar de arte era lo más normal del mundo, mi madre y mi tía han sido unas restauradoras muy conocidas que salían cada dos por tres en la tele. Yo iba mucho al Prado de pequeño y ya me daba cuenta de la importancia que se le daba a los grandes maestros. Supongo que ese es el principio de todo, querer ser importante. Luego resultó que dibujar se me daba bien. Tampoco lo pensé mucho. Mi juventud consistió en intentar darme una gran respuesta ontológica, sobre todo por las noches, leer mucho, escribir, ver cine sin parar, hacer mucho deporte, obsesionarme por lo que podrían desear las mujeres de mí en el futuro y por supuesto pintar como una bestia. Si vives así unos años cuando te quieres dar cuenta eres un inadaptado laboral, y no te queda otra opción que ser un artista…  más te vale ser bueno.

 

-Cómo describirías tu sello personal.

Mis cuadros suelen ser alegóricos, y los textos que los acompañan transforman la primera impresión de lo que creíamos estar viendo. Se produce una epifanía, un “lichtung”. En los casos más exitosos el espectador llora abrumado porque por un momento cree comprender el “todo”, en dos ocasiones una señora de Burgos y otra de Reus se hicieron pipí de la emoción. A pesar de este tremendo efecto, procuro ser elegante, no pinto gente desnuda, ni escenas grotescas o escatológicas, creo que en mi caso puedo explicar lo que me interesa sin ordinarieces. La gente desnuda es ordinaria, sí.

– ¿Dónde encuentras tu inspiración?

Vivo siempre inspirado, igual que Turner decía que de cualquier mancha podía hacer un paisaje, yo podría decir lo mismo de las historias. Puedo sacar una historia interesante de cada momento de mi vida. Sin embargo, no trabajaría sin una motivación. Lo que motiva a trabajar es Mindi. Mindi es como Dios, quiero que me vea siempre guapo y repeinao, que piense que soy la hostia, un Hércules de la narrativa. Si Mindi frunce el ceño mi corazón palpita y borro los cuadros. Puede ser temible, me amenaza con que se va a cortar el pelo. Estoy subyugado, soy un admirador entusiasta de su belleza, es un delirio.

-Qué crees que aporta el arte en general, contando con tu trabajo en particular dentro de él, a la sociedad.

La única gran aportación que puede dar el arte a la sociedad es la diversión. La gente se divierte de formas muy raras, hay veces que quieren ponerse tristes a posta, o alegrarse, asustarse, otras veces lo que quieren es pensar que están delante de un genio con una obra fascinante e ininteligible, o de un intelectual que está enalteciendo con su trabajo a la humanidad… lo que hacemos los artistas es proporcionar esta diversión. Yo intentó ser lo más divertido posible, parecer el acabose. El arte es ridículo e innecesario como lo es la propia vida, y tanto uno como otra deben considerarse en la misma magnitud. No vivimos para hacer puentes, para amasar fortunas, o para comprarnos una casa. Vivimos para aprender a vivir. El arte sirve para hacer arte y para nada más.

 

-Algún proyecto que te gustaría haber alcanzado en un futuro-hacia dónde enfocas tu trabajo.

Mi pelea en el estudio es crear una pieza tan bella y poderosa que la gente muera cuando la contemple. Quizás algún ser sobrehumano como Beyoncé podrían sostenerle la mirada durante unos segundos sin padecer un derrame cerebral, pero en general sería mortal de necesidad para el común de los mortales.

En cuestiones más prosaicas estoy a partir un piñón con la galería Contrast de Barcelona, que se encarga de que no me falte de nada y que me enseña por todo el mundo como si fuera un fenómeno de feria. Tienen un calendario abrumador que no consulto porque me entran sudores fríos.

Ah, se me olvidaba, en febrero junto al fotógrafo Luis Gaspar expondremos “La Esperanza de Occidente. No tenemos fe en que Occidente tenga salvación, pero pensamos irnos con elegancia y disfrutar del final como los violinistas del Titanic…

-Algo de lo que hayas aprendido y con lo que podríais aconsejar a otros artistas.

Para hidratar la piel es necesario beber al menos dos litros de agua al día. Mejor si son tres.